Los héroes setenteros

Jerónimo Rivera Betancur
Profesor de cine e investigador.
Decir que los años setenta fueron una década convulsionada es todo un cliché, que no por serlo deja de ser real. Estados Unidos atravesaba momentos difíciles y la generación de jóvenes de la época no estaba dispuesta a tolerar las injusticias y desmanes gubernamentales que sus predecesores habían soportado. En este contexto surgen directores que se arriesgan a hacer un cine con tinte político, de denuncia, que muchas veces de manera velada y otras de forma más explícita, proclamaban los bemoles del sueño americano y exaltaban desde el cine a otro tipo de héroe, más terrenal, lleno de temores, incertidumbres y defectos, un héroe más similar a los neohéroes actuales: tan cotidiano que podría ser nuestro vecino, o nosotros mismos.

A propósito del tema que nos convoca en el actual Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia, he decidido hacer un breve análisis sobre cuatro personajes que, cada uno a su manera, se convirtieron en arquetipos de la historia del cine, en héroes sin superpoderes que generaron simpatías y adeptos a su alrededor, a pesar de su apabullante humanidad.

Travis, Rocky, Sonny y Randle tienen muchas características en común. Se trata de cuatro “perdedores” que no encajan en la sociedad, seres marginados de esos que muchos tratarían de esconder debajo de la alfombra, nadie espera nada de ellos y logran adquirir una condición dudosa de héroe por el simple hecho de que están reivindicando causas, a menudo perdidas, que los conectan con un público que, en su mayoría, conoce el fracaso y la decepción tanto como estos personajes.

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Saliendo de la trama de las historias, las cuatro películas a las que me refiero (Taxi driver, Tarde de perros, Atrapado sin salida Rocky) marcan un punto importante en la carrera de tres actores emblemáticos en la historia de Hollywood y el inicio del prototipo del héroe de los años ochenta: Robert de Niro, Al Pacino y Jack Nicholson empezaban una carrera brillante en la pantalla mostrando su gran carácter como actores en estas películas y Sylvester Stallone vencía todas las resistencias, como su personaje, debutando con un gran éxito comercial que cosechó premios y halagos en un amplio sector de la industria.

Detrás de estos títulos se encuentran también cuatro directores relevantes: Sydney Lumet, Milos Forman y Martin Scorsese, acostumbrados a la polémica y a poner en sus obras su sello autorial; y, en la contraparte, un desconocido John Avildsen tutelado por Stallone, quien ya había hecho obras menores y seguramente no esperaba el éxito que finalmente tuvo su película.

Además de los premios que cosecharon, estas cuatro películas ingresaron al salón de la fama del cine norteamericano ubicándose en posiciones privilegiadas. Según la AFI (American Film Institute), tres de las cuatro están entre las cien mejores películas de todos los tiempos: Atrapado sin salida en el lugar 33, Taxi Driveren el 52 y Rocky en el 57.

A continuación, un perfil de cada uno de estos cuatro personajes arquetípicos que desde su construcción en el guion, pasando por su interpretación y dirección, han conmovido a varias generaciones de espectadores de todo el mundo.

TRAVIS BICKLE –EL JUSTICIERO (TAXI DRIVER, 1976)

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Surgido de la pluma de Paul Schrader e inspirado en uno de sus peores momentos personales, Travis Bickle enamoró a Martin Scorsese, quien de inmediato pensó en Robert de Niro para interpretarlo. De Niro, reconocido como actor del “método”, decidió vivir un corto periodo como taxista para acercarse a este complejo, sórdido y solitario personaje.

Travis no es solo otro veterano de Vietnam, es uno que no duerme en las noches y que por eso busca un empleo como taxista. Tiene su propio código moral que incluye no consumir ni traficar con nada ilegal (desde droga hasta personas) y conducir sin excluir zonas peligrosas ni reparar en los pasajeros que transporta o lo que hacen a bordo de su taxi.

En su mundo particular está bien invitar a una chica bonita a ver una película porno en la primera cita y pensar con frecuencia que Nueva York es un infierno que necesitará una buena limpieza algún día. Desde el principio del film apunta en su diario: “El agua se lleva la suciedad en la mañana… algún día una verdadera lluvia se llevará todo”. Travis es un guerrero y así aparece al final de la película con su peinado de mohicano y su uniforme de exmarine. Su guerra utiliza los métodos más cuestionables, pero al fin y al cabo eso fue lo que aprendió en Vietnam, él tiene su conciencia tan limpia como su licencia de conducción.

La sucia Nueva York y sus crímenes cotidianos contrastan con un par de ángeles que aparecen en la vida de Travis: Betsy, la hermosa activista política, e Iris, la inocente niña prostituta. Betsy es el amor ideal, el que nunca podrá tener por no encajar en este mundo, e Iris se convierte (como su nombre indica) en la niña de sus ojos, el único motivo para liberar a ese ser interior que lleva años susurrándole al oído: “Extermínalos”.

El llamado a la aventura y a la gesta final se presenta cuando Iris le implora una noche: “sálvame” y es este clamor el que convierte a un tímido taxista en un justiciero de las calles, armado y sin nada que perder, dispuesto a morir para salvar a una doncella desconocida que vive en el infierno sin saberlo. Su condición de héroe se justifica en este último acto desesperado y es en el desenlace de la historia donde se presenta la mayor sorpresa, pues Bickle es exaltado como un héroe por la prensa debido a que sus cuestionables medios obtienen positivos resultados. Travis, el héroe, ya no es un donnadie y al final puede darse el lujo de rechazar a su ángel idealizado.

RANDLE MCMURPHY –LA VOZ DE LOS DESVALIDOS (ATRAPADO SIN SALIDA, 1975)

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Randle McMurphy es un hombre despreciable: manipula la justicia para ser internado en un manicomio con la seguridad de que su estilo seductor y su gran inteligencia le facilitarán una soportable estadía en este lugar. No obstante, McMurphy no contaba con la enfermera Ratched, una mujer estricta y dura de corazón que les hace la vida imposible a él y a sus compañeros de reclusión.

Muy rápidamente olvidamos que McMurphy está internado por violación, pues su aspecto agradable, su sonrisa permanente y, sobre todo, su disposición a cuestionar las normas establecidas, generan simpatía entre los espectadores a la vez que aumentan nuestra animadversión ante Ratched.

En el transcurso de la historia, la guerra entre ambos se vuelve cada vez más despiadada y las víctimas caen del lado de Randle en una victoria contundente de la antagonista. McMurphy se deteriora cada vez más y se hace digno de lástima y es su amigo el Jefe Indio el que al final de la película lo reivindica, en un final digno y esperanzador en el que se sugiere que en un mundo de locos solo los más cuerdos lucen sospechosos.

SONNY WORTZIK –EL AGRADABLE BANDIDO (TARDE DE PERROS, 1975) 

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En 1972 una pareja muy particular intentó asaltar sin éxito el Chase Bank para pagar la operación de cambio de sexo del compañero sentimental de uno de ellos. De esta historia de prensa surgió la película Tarde de perros.

Sonny Wortzik, el personaje interpretado por Al Pacino, representa a un tipo de héroe que empieza siendo villano pero que luego termina reivindicando causas colectivas y ganando la simpatía del público que lo ubica como un paladín de la justicia que usa los métodos equivocados. Es precisamente la apabullante humanidad, inocencia e incompetencia de Sonny y, aun más, de su compañero Sal, lo que nos hace querer a este par de personajes que intentan cometer un delito destinado al fracaso y que sufre paso a paso las consecuencias de un camino que tomaron y que lleva inevitablemente a la desgracia. No es gratuito que se haya comentado que esta es la película del “raccord de sudor perfecto”.

El público del asalto, que se convierte en un acontecimiento mediático, apoya a Sonny de manera casi paternal (como sugiere su nombre, Sonny, hijito) como si solo estuviera haciendo una travesura y, así como el público de la película, asiste a una gran crítica a los medios de comunicación, el gobierno y las diferencias sociales enmarcadas en el discurso de este personaje que alcanza la popularidad en una sola tarde.

Sonny es un hombre ordinario que emprende una hazaña extraordinaria valiéndose de tan pocas herramientas que desde el inicio sabemos que está destinado al fracaso y es tal vez este ingrediente el que nos acerca tanto a él: es el hombre que está acostumbrado a recibir órdenes (excombatiente de Vietnam e inmerso en un matrimonio complicado) y a no ser tenido nunca en cuenta. En el cine de los setenta, Sonny se convierte en la voz de los que no tienen voz.

ROCKY BALBOA –EL SUEÑO AMERICANO (ROCKY, 1976)

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Sylvester Stallone ya había vivido sus propias peleas antes de triunfar en el cine con Rocky. Hasta entonces, 1976, había sido extra de muchas películas (incluyendo la famosa Bananas de Woody Allen) y protagonizado varias cintas pornográficas en donde se había ganado el apelativo de “Italian Stallion“ (semental italiano) que luego heredaría su personaje, Rocky Balboa.

Así como Stallone, Rocky tuvo un comienzo difícil. Como inmigrante italiano y hombre de barrios marginados, Balboa debió soportar la corrupción y el trato denigrante de los empresarios del boxeo aficionado, así como la desconfianza en sus capacidades de parte de colegas y amigos. Pero, como suele ocurrir en Hollywood, logra triunfar por su determinación y gran corazón, así el triunfo sea simbólico y otorgado por el público como reconocimiento a su fortaleza.

Rocky Balboa se convierte desde entonces en la representación del sueño americano: un hombre que inicia con nada y puede triunfar debido a las “bondades del sistema”. Así le pasó al mismo Stallone, de quien siempre se ha cuestionado su capacidad actoral y hasta su inteligencia pero que, a pesar de sus limitaciones, fue oído por una de las mayores productoras de Hollywood, que terminó cediendo en casi todo (incluyendo que el mismo Stallone fuera el protagonista) seducida por la fuerza aleccionadora de esta historia.

Desde la primera hasta la más reciente de las películas, la saga de Rocky se ha ido convirtiendo en la película propagandista por excelencia, cargada de ideología e iconografía norteamericana. Todo esto, promovido por el slogan de que en ese país “los sueños se hacen realidad”.

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